Hace días que está pendiente este post. Los tiempos que uno pretende tener no siempre coinciden con los que la vida nos ofrece.
Bueno, es simple, no esperen un gran post, eso se lo dejo a mi amigo Gabriel en su muy buen blog "Live from Waterloo", el cual recomiendo para quienes quieran leer acerca de superación personal, tesón, sacrificio y sobre todo un amor enorme a la familia.
El título de este post se refiere un poco a la historia Hernandiana en Pehuajó.
Y porqué surge?
Porque hace poco empezaron las clases en Pehuajó (bah, en la Provincia de Buenos Aires) y el acontecimiento personal fue el ingreso de Valentina al Primer año de Primaria, antes llamado Primer grado y mucho antes... Primero Inferior.
Y cual es la gran novedad?
Bueno, para la familia es un acontecimiento grato. Es ser testigo del paso del tiempo y ver como la pequeña va creciendo... cada vez más.
Pero todo esto me hizo un click interior, ya que llegué a la conclusión que le da el título a este post.
Cuando vine por primera vez a Pehuajó, allá por los taytantos, si bien la mudanza no era definitiva pues de ahí en mas alternamos entre Pehuajó y Martínez hasta que recién en 1969 dejamos definitivamente nuestra casa en el barrio del norte, mi primera experiencia escolar en esta ciudad fue en la Escuela Normal para cursar el que se conocía como Primero Inferior, es decir el Primer año de colegio.
Cuando varios años después, ya residiendo en Buenos Aires, decidimos por circunstancias de la vida mudarnos a Pehuajó, dió la casualidad que Victoria, mi hija menor (la perio) tuvo su primer día de clases ingresando al Colegio San José nada menos que en Primer grado (Clara lo hacía en Cuarto).
Y ahora, 15 años después, si bien no hay mudanzas de por medio, el ciclo continúa con el ingreso de Valentina a Primer año de Primaria, también en el San José; colegio por el que ya pasaron tres generaciones de Hernández sin contar la estrecha colaboración que mi padre prestó al mismo durante muchos años.
Suena a una silly story, pero fue algo que me dejo pensando, y que me mostró (una vez mas) que como dice la canción "el tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos..."
Pero que lindo que sea de esta manera...
Countdown
jueves, abril 01, 2010
El ciclo de la vida
sábado, junio 20, 2009
El gol soñado
Esta historia me llegó a través de un amigo, protagonista directo de la misma.
Como hoy, 19 de junio, se cumplen ya 28 años de ese acontecimiento, transcribo la misma.
Un abrazo, Tinchex!
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viernes, julio 18, 2008
Dia de Camila
Hoy, 18 de julio, se celebró en el Colegio San José de Pehuajó, en el cual terminé mi primaria, mis hermanos cursaron toda la suya (Gustavo desde el jardín), mi viejo fue benefactor, mi esposa es directora del polimodal, mis hijas hicieron primaria y polimodal, mi nieta va al jardin y yo soy docente, el Día de Camila Rolón.
Esta religiosa fue la fundadora del colegio allá por 1893, en una escapada que se hizo para estos pagos. Y desde entonces esta presente en la comunidad, promero como asilo, luego como escuela-asilo y ahora como institución dedicada a la enseñanza en todos sus niveles (excepto terciario).
La cuestión hoy se mandaron un lindo acto y actividades varias, como hace tiempo no se venia haciendo.
Uno de los actos fue el del jardin, llamado precisamente Madre Camila.
En este acto los chiquitos de las distintas salitas hicieron representaciones de distintos pasajes de la vida de esta religiosa, que mas allá de la religiosidad de cada uno, es digna de ejemplo.
Por supuesto, Valentina tuvo que participar.
Y vestida de monjita!
Así que no podía perderme la oportunidad de rescatar algunas imágenes, pese a que mi cámara es muy elemental para este tipo de cosas.
Gracias a Dios, salió todo de maravilla.
Como agregado, también el suscripto tuvo su minuto de fama.
Al comenzar el acto la maestra iba contando cosas de Camila a los presentes, y antes de entonar todos el "Himno del Colegio" hizo mención que el himno había sido escrito por una ex-docente del jardín, ya jubilada, en ocasión del centenario del Colegio, y que la música había sido compuesta por un ex-alumno, tío-abuelo de una de las alumnas de jardín (mi hermano Gustavo) y que la versión cantada que se venía escuchando en todos los actos desde hace años había sido grabada por el abuelo de Valentina (o sea, este humilde servidor).
Luego de finalizado el acto fuimos invitados a recorrer el patio y pasillos del Colegio, donde alumnos habian confeccionado carteles y hasta una exposición de vitreaux alegóricos.
viernes, junio 20, 2008
Día de la Bandera
En el Colegio San José de Pehuajó, donde soy docente de Economía y de Contabilidad, hoy 20 de junio, se realizó el acto por el Día de la Bandera.
Y fui el encargado de redactar y leer el discurso alusivo. Por ello, a modo de homenaje a nuestra enseña patria y a su creador, don Manuel Belgrano... aquí lo transcribo.
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La humedad y el calor de aquel 27 de febrero de 1812, en las barrancas del río Paraná, fueron testigos de aquel sueño de libertad e independencia representados en los colores celeste y blanco de la naciente enseña patria.
Don Manuel Belgrano, su creador, miraba ese símbolo de la patria grande que soñaba, en su inquebrantable fe y esperanza.
Sueños de libertad e independencia de una nación que estaba destinada a ser grande en el convulsionado mundo.
Sueños de un patriota que debió enfrentar un sinnúmero de piedras en el camino.
Años después, un 20 de junio de 1820, pobre y enfermo, Belgrano pasaba a la inmortalidad sin ver su sueño cumplido, pero con la misma fe y esperanza del principio.
Su legado quedaba para la posteridad.
Hoy, hacemos un alto en nuestra diaria tarea para reflexionar juntos acerca de la importancia de tener una Bandera que nos permite reconocernos como argentinos delante del mundo entero.
Y, venimos pues, a rendirle el mejor de los homenajes que él hubiera deseado: festejar la alegría y la importancia de tener este símbolo patrio que nos identifica como nacidos todos bajo un mismo cielo, y por ende, sentirnos hermanados bajo su manto celeste y blanco.
Este día debiera ser de agradecimiento por parte de esta ciudadanía hacia este emblema de unidad e identidad que los argentinos hemos sabido defender y respetar a lo largo de nuestra historia.
Pero, entonces surge la pregunta.
Hemos sabido respetar y defender este símbolo a través de nuestra historia?
Cuando miramos alrededor y analizamos los hechos cotidianos descubrimos que, lamentablemente, la bandera es tomada en la mayoría de los casos, como un simple elemento decorativo, que nos une en gestas deportivas, en protestas callejeras, en luchas irreconciliables, pero que no produce ese efecto que, a veces, envidiamos en silencio a otros pueblos, la unión desde el fondo del corazón, el sentimiento de arraigo y pertenencia, el deseo de ver crecer a nuestra patria de manera solidaria y mancomunada hacia su real independencia.
Con mucho dolor vemos que gran parte de nuestra juventud ha crecido sin ese fervor patrio que sus colores debieran despertar, y en gran parte, la responsabilidad de ello es nuestra, de aquellos que no supimos amarla, defenderla y transmitir a las futuras generaciones el orgullo de ser argentino.
A veces nos emociona ver como algunos compatriotas que tuvieron que emigrar hacia otras culturas, se conmueven hasta las lagrimas cuando por algún evento nuestra bandera flamea en tierras extrañas.
Se siente el país, el cariño por la tierra lejana, la nostalgia del suelo que nos vio nacer, y que a veces no valoramos como lo merece. Y eso surge desde lo profundo del corazón, solamente por admirar ese símbolo, esa “enseña que Belgrano nos lego”, como rezan los versos de aquella marcha que ya prácticamente no se canta mas.
Y entonces, como Belgrano, me gusta soñar...
Soñar con el día de poder ver a nuestra bandera saludada con el respeto y el amor que se merece, no como un símbolo fetichista y temporal, sino como el estandarte que evoca a nuestros próceres y su sueño, el mismo, de ver una Patria unida, honrada y amada.
Que grato sería que ese sentimiento de amor y fervor que se refleja en nuestra Bandera lo viviéramos con fuerza y plenamente todos los días; en cualquier lugar que ella se nos presente.
En estos días en que nuestra patria se ve convulsionada y la desesperanza pareciera ganar el corazón de los argentinos, sería bueno detenernos y como Belgrano, ponernos en manos de la Divina Providencia y agradecerle el inmenso don de haber nacido en esta tierra.
Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos.
Nuestra Señora de Lujan, ruega por nosotros.












